cata de agua

Qué tener en cuenta para una cata de agua

El agua es una parte fundamental de nuestro día a día, ya que es la bebida más saludable para nuestro cuerpo y la que hace funcionar nuestro organismo. Sin embargo, no toda el agua es igual en términos de sabor, olor o incluso color. Porque lo cierto es que, aunque siempre se ha dicho que el agua es incolora, insabora e inolora, siempre hay pequeños matices que suelen apreciarse en una cata de agua. Y es que las catas de agua están cada vez más extendidas para que los establecimientos de todo tipo cuenten con variedad de aguas de calidad en sus cartas.

 

Características del agua

El agua, como unidad molecular en sí misma, es siempre la misma. Sin embargo, el sabor de la misma varía dependiendo del lugar del que procede o del ciclo del agua del que surge

Solo teniendo en cuenta el ciclo del agua, podríamos clasificarla en tres tipos: el agua mineral natural, la cual brota de manera natural desde manantiales y suele destacar por un aspecto turbio y por presentar sedimentación; el agua de manantial, que comparte los mismos rasgos que el agua natural pero con una mayor riqueza mineral; y el agua potable, la cual ha sido sometida a distintos tratamientos con tal de eliminar substancias o posibles bacterias, como por ejemplo a través de los tratamientos del agua con ósmosis.

 

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Por otra parte, el agua también presenta diferencias debido al lugar del que procede, es decir, el terreno. Y es que en la mayoría de casos el tipo de ecosistema del que surge influye mucho en su sabor. Teniendo en cuenta esto, podemos encontrar ocho tipos distintos de agua: de mineralización débil, de mineralización fuerte, bicarbonatada, clorurada, cálcica, sulfatada, ferruginosa, acídula y sódica. Algunas de ellas no solo pueden acompañar distintas comidas de una forma agradable, también pueden ayudar a nuestro organismo, como los beneficios del agua con gas.

 

En qué consiste una cata de agua

Con tantos tipos de agua, los especialistas en catas, también conocidos como Sommelier o Sumiller, han de ser capaces de probarlas para apreciar cada una de sus singularidades, poder clasificarlas e incluso decidir aquellas que son mejores o peores, siempre teniendo en cuenta el origen y los componentes del agua.

En ciertos establecimientos disponen de una gran variedad de tipos de agua distintos, ya que algunas acompañan mejor a ciertos platos y otras casan mejor con distintas recetas. Y descubrir esa relación también es trabajo de un buen Sommelier. La cuestión es, ¿cómo se realiza esta cata de agua?

Primeramente, el lugar es importante. Ha de ser un sitio con buena ventilación, luz natural, con una temperatura de unos 23 ºC y una humedad de alrededor del 65%. Y por supuesto no pueden haber olores fuertes como el tabaco, detergentes, comida, perfumes o cualquier otro que pueda influir en la cata.

Posteriormente, se ha de sacar el agua del refrigerador y dejarla a temperatura ambiente unos 10 minutos antes de probarla. La temperatura ideal del agua es de 15 ºC. 

El soporte o vaso ha de ser cónico, es decir, en copas para mejorar el olfato y la degustación. Los expertos también recomiendan degustar el agua antes de comer con tal de apreciar mucho mejor todos sus matices.

 

Las fases de una cata de agua

Tras conocer el ambiente ideal y cómo proceder a la cata, también es importante distinguir sus tres fases principales; la visual, la olfativa y la gustativa y táctil.

En la fase visual es importante leer bien la etiqueta del agua para conocer su procedencia y composición con tal de apreciar mejor todas sus características. También se ha de analizar la limpieza del agua para captar si tiene sedimentos en suspensión así como su brillantez y transparencia, datos que suelen reflejarse en un agua de calidad.

En la fase olfativa el Sommelier ha de apreciar si el agua huele a tierra, cal o hierro. A través del olor también se puede saber mucho de la procedencia del agua. Una buena agua ha de transmitir frescor.

Por último, en la fase táctil y gustativa primero se ha de valorar el sabor, que puede tener un toque a dulce, sal o amargo, y posteriormente el tacto del agua en la boca. Para ello, es importante introducir un sorbo y dejar reposar en la boca, extendiendo toda el agua en la cavidad bucal y analizando bien las sensaciones que produce.

Como hemos comentado, un buen restaurante dispone de distintos tipos de agua y sabe recomendar cuál es la idónea según el tipo de recetas. Sin embargo, también hay aguas que son desagradables al gusto de cualquier comensal, como aquellas con un alto contenido de cal o cloro. Para ello, existen múltiples dispensadores de agua en el mercado que además ofrecen distintos tipos de agua según los gustos de los comensales.

 

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