¿Por qué nuestro cuerpo pierde agua?  

Más de alguna vez te habrás preguntado por qué nuestro cuerpo pierde agua y cual es el verdadero motivo por el cual cada día tenemos que beber por lo menos dos litros de agua. No olvides que precisamente el agua es el componente primordial en el cuerpo humano. Alrededor del 70% de nuestro cuerpo es esencialmente agua que se encuentra en las células, en la sangre y en los diferentes tejidos. Para que el cuerpo funcione adecuadamente, necesitamos tomar agua a diario, ya que si no lo hiciéramos, pondríamos en riesgo el funcionamiento de muchos órganos de y de varias funciones vitales, y en el plazo de una semana podríamos morir.

 

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Detrás del por qué nuestro cuerpo pierde agua está el funcionamiento del sistema digestivo, del sistema excretor, del sistema respiratorio, etc. Cada vez que vamos al baño y orinamos o defecamos,  estamos eliminando líquidos. De hecho, mediante la orina o las heces perdemos la mayor parte del agua que tomamos a lo largo del día. Se estima que prácticamente dos terceras partes del agua que bebemos la eliminamos por estas vías. A lo largo del día deberíamos orinar alrededor de 1,5 litros de orina, aproximadamente, provenientes del consumo de agua o de otras bebidas, así como de alimentos con un alto contenido en agua como las frutas y las hortalizas. Por otra parte, un porcentaje importante de la materia fecal está formado también por agua. Si bien la mayor parte del agua que bebemos se elimina a través de la orina, nuestro organismo también es capaz de eliminarla a través de la saliva, del sudor o de las lágrimas.

 

Pierdes más agua cuando realizas ejercicio físico

Dependiendo de la época del año, del ejercicio físico que realizamos y de su intensidad, se produce sudoración. Este es básicamente el motivo por qué nuestro cuerpo pierde agua. Aproximadamente a través de la piel podemos sudar alrededor de 400 ml de agua con otras sustancias. También cuando respiramos o cuando hablamos podemos eliminar aproximadamente la misma cantidad de agua. Si sumamos todo, veremos que a lo largo del día necesitamos sólo para reemplazar el agua que hemos perdido, algo más de 2 litros de agua, lo que equivale a unos 8 vasos de agua cada día, además de los alimentos ricos en agua que tomemos cada día, básicamente frutas y hortalizas.

 

 

En circunstancias normales, deberíamos beber esos dos litros de agua cada día que siempre mencionamos, pero hay momentos en los que por circunstancias nos deshidratamos más de lo debido y necesitamos un aporte extraordinario de agua para compensar el exceso de sudoración. Por ejemplo, el motivo por qué nuestro cuerpo pierde agua por encima de lo normal puede estar en un exceso de sudoración a causa del calor, especialmente en épocas o en lugares de temperaturas extremadamente altas. Por eso, en épocas del año como el verano, de vacaciones, cuando realizamos ejercicio físico más exigente de lo habitual, es conveniente que compensemos la pérdida de líquidos con más agua de la normal.

 

No esperes a tener sed para tomar un trago de agua

Lo habitual es que nuestro propio organismo nos dé señales de aviso cuando estamos perdiendo líquidos por encima de lo normal. Normalmente el principal indicador es la sed. Tenemos que beber cuando tengamos sed, si bien para prevenir la deshidratación es conveniente avanzarse y echar unos tragos de agua cada cierto tiempo como prevención. De todas maneras, además de la sed hay otros síntomas que nos avisarán del momento y del motivo por qué nuestro cuerpo pierde agua.

por qué perdemos agua

Cuando vamos al baño, es suficiente con que miremos el color de la orina, ya que ésta nos da varias pistas sobre si estamos bebiendo la cantidad de agua que realmente necesita nuestro organismo para poder funcionar bien. Si eliminamos una gran cantidad de orina y el color es tirando a claro, significa que estamos bebiendo la cantidad de agua y el tipo de agua adecuados. Sin embargo, si cuando vamos al baño vemos que la cantidad de orina que vamos eliminando es pequeña y de un color tirando a amarillo oscuro, nuestro organismo nos estará dando una clara pista: necesitamos beber más y mejor agua, ya que nos estamos hidratando de manera insuficiente e incorrecta.

 

El agua regula el buen funcionamiento de los órganos y de las células

Beber agua es fundamental para el buen funcionamiento de nuestro sistema celular. Si no bebemos la cantidad de agua que necesitamos nuestras células no funcionan bien porque necesitan de ella para poder realizar su trabajo. Por tanto, sin agua estaremos cansados, perderemos capacidad de concentración, restaremos capacidad a nuestro cerebro, y nuestro estado de ánimo se verá resentido de manera considerable ya que estaremos irritados y nos enfadaremos con facilidad. A largo plazo, esos problemas se pueden acentuar y volverse mucho más graves.

 

En el caso de las personas que están superando una enfermedad o que se encuentran en una situación vulnerable, es especialmente importante que beban agua. Cuando el sistema inmunitario no funciona o se encuentra afectado por alguna enfermedad, o cuando estamos siguiendo un tratamiento con medicamentos, es fundamental que bebamos más agua de lo habitual. Muchas enfermedades, muchas de ellas habituales como el resfriado o la gripe, están asociadas con la deshidratación. Cuando estás constipado es recomendable beber mucha agua para mover la mucosidad.

Un consumo demasiado bajo de agua está asociado a muchas alteraciones en el normal funcionamiento del cuerpo humano. Por ejemplo, si bebes poca agua puede ser que notes irritación de la vejiga, que tengas más hambre de lo habitual, etc. Por este motivo, hay que beber agua cada día, y tener el hábito de repartir su consumo a lo largo del día, haciéndolo coincidir con las diferentes comidas que realizamos durante el día: al levantarse por la mañana, en el desayuno, en la comida, en la merienda y en la cena. Además, entre medio podemos beber ya sea agua o bien infusiones, zumos, etc, para poder tener nuestro cuerpo debidamente hidratado.

La deshidratación es una grave amenaza para nuestro bienestar y salud

Si no llegamos a beber dos litros de agua al día, aumenta el riesgo de que suframos deshidratación. Realmente es difícil alcanzar esta situación sin que nos demos cuenta, ya que nuestro propio organismo lanza señales de aviso que nos alertan de la necesidad de beber agua y refrescarnos. La sed, la sudoración y el cansancio son tres síntomas evidentes de la deshidratación. Este es, insistimos, un caso extremo al que no deberíamos llegar ya que cuando nuestro consumo de agua y líquidos está muy por debajo de lo recomendable, ponemos en riesgo nuestra vida.

Todo esto es importante especialmente en el caso de los adultos pero adquiere una mayor importancia en el caso de las personas mayores, de los niños y sobretodo de los bebés, ya que tienen la piel más delicada.

 

 

Evitar situaciones extremas que nos lleven a la deshidratación

La verdad es que hoy en día, con toda la información que tenemos a nuestra disposición y los medios que tenemos para conseguir agua del grifo sana y equilibrada, es ciertamente difícil que suframos un episodio de deshidratación. Debería darse una situación verdaderamente extrema para que nuestro organismo se deshidratara. De todas maneras, en épocas de calor extremo, llegan a los hospitales personas para ser tratadas de deshidratación.

En verano, hay personas que pese al calor siguen trabajando al aire libre. Estamos hablando de gente que trabaja en la construcción o en el campo de sol a sol. Las altas temperaturas afectan a nuestro sistema nervioso central. Es posible que fruto del calor los profesionales pierdan la concentración y no sean capaces de controlar las máquinas con las que trabajan. De hecho las organizaciones de trabajadores recomiendan que en verano, a partir de determinada temperatura especialmente alta, es recomendable cesar el trabajo ya que esto supone un riesgo para la salud.

Además, la deshidratación es muy mala para la piel. La falta de hidratación provoca sequedad en la piel, y acelera el envejecimiento. El sol excesivo provoca además quemaduras que a la larga pueden ocasionar lesiones importantes en la epidermis. El agua es la principal fuente de hidratación que tenemos a nuestro alcance. La calidad del agua es importante para los cuidados de la piel, ya que deberíamos lavarnos con agua filtrada por un descalcificador para tener la garantía de que los cuidados de la piel van a resultar exitosos y beneficiosos para nuestro organismo. Es por ello que es tan importante conocer cómo bañar a un bebé para hacerlo de manera adecuada, con los productos correctos para alimentar su piel y evitar enfermedades en la epidermis que a la larga pueden ser graves e importantes.

 

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